“LA NATURALEZA DEL IMPERIALISMO BESTIALIZA AL HOMBRE”: ERNESTO “CHÉ” GUEVARA
“Papá cuéntame otra vez
esa historia tan bonita de aquel
guerrillero loco que mataron
en Bolivia y cuyo fusil ya nadie se atrevió
a tomar de nuevo y cómo desde aquel día
todo parece más feo”
Ismael Serrano
Papá cuéntame otra vez
Un ambiente de júbilo invade a los pobladores de La Habana y de toda Cuba. Banderas cubanas ondean por las calles. Se oyen gritos a todo pulmón: “¡Viva Cuba libre!”, “¡Viva la Revolución!”, “¡Viva Fidel”, “¡Viva el “Ché”!, ¡Viva Camilo!”, “¡Muera el mal gobierno!”.
Antes de llegar al Banco Nacional de La Habana me acerco a un joven que grita eufóricamente, vestido con uniforme verde militar, pelo y barba largos y descuidados y no son dificultad, logro acercarme a él y preguntarle:
-Oye tú, ¿estás feliz con el triunfo de La Revolución?
-¡Feliz! Feliz, es poco mi amigo-, me contesta gritándome literalmente en la cara.
-Al fin se fue ese hijo de la gran puta-, continúa contándome a gritos, -Fidel nos defiende y nos representa-, y sin ponerme más atención vuelve a sus gritos eufóricos ondeando la bandera cubana y repitiendo sin cesar: ¡Viva Cuba libre!
Después de algunos intentos infructuosos, Fidel Castro Ruz, un cubano, hijo de españoles y Ernesto “Ché” Guevara de la Serna, un argentino, que soñó el mismo sueño de Simón Bolívar, de José Cecilio Del Valle, una América unida y fraterna, junto con otros valientes entre los que destacan Camilo Cienfuegos, lograron derrocar, después de varias victorias; en Santa Clara, el asalto al cuartel de Moncada y después de muchos meses de vivir en Sierra Maestra en condiciones sumamente precarias, este “ejército” de guerrilleros lograron derrocar al dictador Fulgencio Batista quien salió huyendo de Cuba , el mismo 1959, año que la historia declara como el año del triunfo de Revolución cubana.
Después de recorrer un corto trayecto, llego por fin al banco Nacional de cuba, en La Habana, donde el Comandante me ve llegar y se incorpora tranquilamente extendiéndome la mano con amabilidad. Le regreso el saludo y contengo con dificultad mis ganas de abrazar a ese hombre que representa tantas cosas en las que creo, que amo y defiendo; recuerdo la objetividad periodística que debo seguir en este oficio.
-¿En qué te puedo servir ché?- me pregunta el mítico guerrillero que luce el pelo un poco largo y una barba rala y descuidada.
-Quisiera hacerle algunas preguntas Comandante…
-Venga, pasá adentro que este calor nos va a matar-me interrumpe, mientras señala con la mano derecha una puerta de metal- aquí en Cuba dicen que sólo tenemos dos estaciones: verano e infierno,-continúa diciéndome mientras deja escapar una sonora carcajada que le supone la antesala de un ataque de tos del cual logra reponerse rápidamente mientras camina hacia adentro.
Lo sigo callado, después de ser sometido a una minuciosa revisión por un par de soldados de La Revolución que forman parte de los más de veinte que se dedican exclusivamente a salvaguardar su seguridad.
Al entrar en el amplio salón, el “Ché” me invita cordialmente a sentarme y me ofrece un habano el cual acepto gustoso. Se sienta frente a mí en uno de los sofás de la acogedora sala que hay delante de un gran escritorio de madera. Acerca un fósforo encendido al puro que con muchos trabajos logro encender. Sin poder ocultar una sonrisa el “Ché” enciende otro fósforo y lo aproxima mientras pausadamente hace girar el habano en mi boca y me indica que lo haga con la mano. Pasado el bochornoso incidente el “Ché” coloca un enorme cenicero de cristal cortado a la mesa de centro y se apoltrona en el sofá mientras enciende su habano sin dificultad alguna, con la maestría de un fumador de años.
Este suceso al cual, en artículos posteriores, he llamado “Fumar un habano en La Habana”, ha sido además de una anécdota que me he cansado de relatar en bares y cafés con amigos y compañeros, un acontecimiento que sin lugar a dudas me dejó muy claro la enorme sencillez, la naturalidad, la humildad y el gran sentido del humor que tenía el “Ché”, además de marcar el hilo conductor de la entrevista.
-Sr. Guevara, para empezar me gustaría…
-Llamáme “Ché”, boludo,- me interrumpe una vez más, mientras ríe y sofoca rápidamente otro ataque de tos,- luchamos en Sierra Maestra, derrocamos a un terrible dictador, plantamos cara a los Estados Unidos-, me dice mientras se va poniendo cada vez más serio y yo cada vez más nervioso-, y todo porque tenemos la firme convicción de que todos somos iguales y todos debemos tener los mismos derechos y ahora venís tú aquí y me decís Sr. Guevara…,-termina la seriedad de su breve pero intenso discurso con una carcajada y me repite: -Decíme “Ché”.
-Está bien, “Ché”-, continúo nervioso-, antes de empezar quisiera agradecerle por recibirme, a pesar de la premura de tiempo y a pesar de apretada agenda que sé que Ud. tiene. Quisiera….
-¡Carajo! Habláme de tú, ché, que no pasá nada…,-me vuelve a interrumpir el comandante esbozando una sonrisa-
-Muy bien, “Ché”,-logro por fin decir, a pesar de los nervios que están tensos como cuerdas de un Stradivarius-, quisiera preguntarte, ¿qué es lo primero que buscará cambiar La Revolución para mejorar la situación en Cuba?
-Este movimiento lo que busca es igualdad entre los cubanos. Lograr tener una Cuba verdaderamente libre. Ahora se puede decir que Cuba es libre, porque ha salido Batista, pero Cuba será verdaderamente libre el día en que no dependa de los Estados Unidos y logre una alianza con todos los países de América Latina-, me responde muy serio.
-Es decir que, ¿ustedes pretenden que Cuba se vuelva un país autosuficiente?
-En cierta medida. Hasta donde sea posible. Es prácticamente imposible que un país sea autosuficiente, el que sea, pero sí es posible que los cubanos trabajen para los cubanos y que una América unida trabaje por América.
-¿El sueño de Simón Bolívar?
-Claro ché, el ideal bolivariano siempre ha estado presente en La Revolución.
Después de decir esto, el “Ché” se torna pensativo y exhala una larga bocanada de humo del habano y me dice como quien lanza una consigan al viento: “Cuba para los cubanos. América para los americanos. Patria o muerte”.
-La intención queda clara, pero ¿no crees que será difícil?
-Difícil ché, pero no imposible. Nadie creía en esos pobres guerrilleros que andaban peleando en Sierra maestra y míranos ahora…pero también es cierto, que hemos llegado hasta acá por el apoyo de la gente, sin el pueblo no somos nada.
-Además de la evidente lucha que ya libraron contra Fulgencio Batista, ¿contra qué o contra quién lucha La Revolución?
- Y bueno, contra sus enemigos desde luego. Contra el mal gobierno, contra los que explotan al pueblo de Cuba. Contra los Estados Unidos. Es decir, contra su imperialismo, colonialismo y neo-colonialismo.
Es en este momento donde el “Ché” se pone más serio y pronuncia una de sus frases inmortales: “La naturaleza del imperialismo bestializa al hombre”.
-¿Por qué lo bestializa?
-Porque lo hace buscar siempre más y explotar a sus hermanos para conseguir el poder-, el Comandante se ve interrumpido súbitamente por un ataque de tos que esta vez dura más que los anteriores y que no puede controlar. Uno de los soldados se acerca rápidamente con un vaso de agua y lo intenta ayudar, el comandante lo aparta y poco a poco su respiración vuelve a la normalidad.
Mientras tanto yo que me había levantado del sillón sin saber qué hacer me siento nervioso e intento continuar con la entrevista, pero el “Ché” al ver mi cara se adelanta.
-No te preocupés ché, son estos pulmones que no me dejan en paz-, me dice sonriente, respirando aún con dificultad.
El Comandante enciende el habano otra vez y pide amablemente a uno de los soldados que le traiga un mate. Me ofrece uno el cual acepto con gusto.
-Hablando de tus pulmones, ¿qué tan difícil fue soportar el frío, el hambre y las inclemencias del tiempo en Sierra Maestra, durmiendo a la intemperie, con el asma que padeces?
- No es tan difícil ché, -me contesta mientras ceba el mate cuidadosamente con la bombilla perfectamente bien acomodada en la matera-, cuando tienes un objetivo las ideas son más fuertes que los pulmones.
-De cualquier manera debe ser complicado…
-Complicado ché, no imposible… “Cuando tienes un por qué puedes soportar casi cualquier cómo”, eso lo decía Nietzsche.
-Estados Unidos es un enemigo enorme, ¿quién es el enemigo pequeño de La Revolución?
Para responderme, el “Ché” pronuncia parte de lo que años después sería un discurso que declamaría en la Asamblea General de las Naciones Unidas el 12 de diciembre de 1964.
-“No hay enemigo pequeño ni fuerza desdeñable, porque ya no hay pueblos aislados. Como establece la Segunda Declaración de La Habana: Ningún pueblo de América Latina es débil, porque forma parte de una familia de doscientos millones de hermanos que padecen las mismas miserias, albergan los mismos sentimientos, tienen el mismo enemigo, sueñan todos un mismo mejor destino y cuentan con la solidaridad de todos los hombres y mujeres honrados del mundo”.
Después de estas palabras, tardé un momento en volver a poder concentrarme, sabía, yo sabía muy bien que estaba ante un icono, jamás imaginé la proyección mundial que tendría después, pero sabía que esas palabras pronunciadas por aquel personaje en ese momento serían imborrables para la Historia.
La conversación se alargó por poco más de dos horas, el “Ché” me habló de Fidel, de Camilo, de él, de sus hijos, dejó entrever que La revolución cubana era sólo un comienzo de revoluciones que debían comenzar a gestarse en toda América para luchar contra el “Gigante imperialista”, aunque nunca habló de Bolivia ni de sus intenciones posteriores en aquel país, muy probablemente ni siquiera él mismo supiera aún que aquel país sería su destino final.
Al terminar la entrevista, acalorado, cansado, muy feliz y satisfecho me marché de la oficina del Comandante en el Banco nacional de la habana para retirarme hacia mi hotel, viendo una vez más a los jóvenes gritando y las banderas cubanas ondeando y sabiendo que ahora contaba con un amigo más.